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sábado, 5 de mayo de 2018

Algunos mitos sobre el Ahogamiento.

Mario Vittone, experto en rescate acuático, escribió en 2006 un artículo: «El que se ahoga no parece ahogarse» en su blog personal que se ha convertido en uno de los artículos sobre ahogamiento más leídos y reproducidos en innumerables medios, páginas y blogs. Hace poco se volvió a publicar en Soundings, lo mencionó el Washington Post y en apenas una semana superó 700.000 menciones en Facebook.

Hace unos días publicó una interesante reflexión que, por su interés, hemos traducido y adaptado. 

Mario Vittone

Es como si un grupo completamente nuevo de personas aprendiera algo que no sabían. Se había reventado un mito (y uno peligroso, además) y tenían que contárselo a sus amigos. En las respuestas a la publicación «El que se ahoga no parece ahogarse«, mezcladas con «pues no lo sabía» o «hay que leerlo«, había otras dos ideas erróneas acerca del ahogamiento que todos deberíamos saber, así que si no has leído el artículo anterior, te recomiendo que lo hagas primero y luego vuelvas aquí para aprender otras dos cosas importantes.

Mito 1: El «Ahogamiento Seco» (Dry Drowning): Respuesta: NO EXISTE

Casi todas las semanas y más cuando se aproxima el verano, recibo un mensaje, un correo electrónico o un comentario en una publicación donde que me piden que analice el «Ahogamiento Seco» («Dry Drowning» en inglés). Este mensaje se propaga en las redes sociales, principalmente porque es -comprensiblemente- aterrador para los padres. La idea de que su hijo pueda ir a nadar, tragar o ahogarse con un poco de agua, y luego ir a su casa y morirse mientras duerme es aterrador. Pero no es cierto.

Una muerte por las posibles complicaciones de un incidente acuático no ocurre de esa manera. Y cuando sucede es extremadamente rara, presenta síntomas persistentes durante horas, antes de que el peligro sea real, y no es en realidad un ahogamiento. «Ahogamiento seco» y «ahogamiento secundario» no son términos médicos y no son peligros reales sobre los que merezca la pena preocuparse. El líquido en los pulmones es algo malo, puede causar neumonitis, una inflamación no infecciosa del tejido pulmonar, provocada por los efectos irritantes de algo extraño en los pulmones, pero esto puede ocurrir al aspirar agua sucia mientras nadamos (cuando damos un «tragón» siempre hay una pequeña aspiración de líquido) o si te atragantas con la leche del desayuno porque te estás riendo, por ejemplo, (¿esto sería un «ahogamiento de leche«?. Absurdo, ¿no?).

Qué hay que buscar?. Si su hijo, o cualquier otra persona, sale del agua y tiene cualquier síntoma más allá de lo que se puede experimentar después de que algo «vaya por el camino equivocado» (tos momentánea y alguna molestia leve que desaparece a los pocos minutos), entonces debe estar alerta. Si hay una tos fuerte y persistente que no se detiene después de unos minutos, debe revisarlo un médico. Normalmente, estos pacientes se dejan en observación de cuatro a seis horas por precaución y son enviados a casa sin más problemas. Si tu hijo o cualquier otro tose durante unos minutos después de salir de la piscina y luego se comporta de manera normal y al rato te pide la merienda, significa que está bien. No tienes que llamar al 112, ni preocuparte por nada más.

Si quieres aprender más sobre este tema, te recomiendo que leas éste artículo científico.

Mito 2: Si alguien se ahoga: Háblale, Avisa, Alcanza, Tira, Rema, No intentes un Rescate a menos que estés entrenado. Respuesta: Quizás sí, o quizás no.

«Una persona que se está ahogando se subirá encima de ti para respirar y te ahogará si te acercas a ella«, afirma alguien cada vez que se plantea la cuestión del rescate de una persona que se está ahogando. Podría ser algo así, pero en realidad no lo es.

Una persona no entrenada que realiza un rescate puede fallecer en el intento, pero aunque no estoy descartando ese peligro, es absurdo tratar a todos los que no son Socorristas como alguien que morirá en el intento de rescatar a un niño de 4 años. Todas las personas con problemas en el agua o que luchan por no ahogarse, están buscando lo mismo: mantener sus vías aéreas (boca y nariz) sobre el agua sin esfuerzo; quieren estar de pie en el fondo o apoyados por algún tipo de flotación para poder respirar. Una vez que tienen ese apoyo, ya no representan ningún peligro si pueden mantenerse de esa manera. Lo que los Socorristas están capacitados y entrenados para hacer es entrar al agua y ayudar a las víctimas que se ahogan para que puedan respirar fácilmente y han de ser lo suficientemente fuertes físicamente como para hacer el rescate y llevarles a un lugar seguro.

Alcanzar con la mano o mediante un palo u otro objeto alargado a alguien que se está ahogando desde una posición segura es mejor que tirarle algo flotante para que se agarre. Y arrojarle algo flotante para que se agarre es mejor que emplear tiempo remando en una embarcación para alcanzarle y hacerlo. Pero aquí está la dura verdad: si alcanzar, arrojar o remar no es una opción y alguien no va a buscarlo, se ahogará. Si se llama al 112 y no se hace nada más, lo que estamos haciendo en realidad es pedir que recuperen un cadáver. Y dado que la mayoría de nosotros no podremos estar parados viendo esta situación sin hacer nada, la manera en que se puede «ir» de manera segura, aunque no estés entrenado, es llevando consigo un elemento flotante y proporcionar flotación a la víctima para que pueda respirar, y a ti mismo para manteneros a flote.

He visto a una persona en una piscina pública saltar a la parte más profunda con el cojín de una tumbona y salvar a una víctima. (el cojín tenía aproximadamente 40Lb de flotación, un chaleco salvavidas estándar tiene 17Lb), y mantuvo a ambos a flote hasta que llegó el Socorrista (que estaba con el móvil y no vio nada). En una playa de Florida, una madre salvó a su hijo nadando con una botella grande y poniéndola entre ambos a modo de flotador mientras se impulsaban con los pies hasta la orilla.

Si no hay nadie más cerca y no eres Socorrista, pero tienes un chaleco salvavidas, puedes agarrar al otro con suficiente flotación para que tanto tu como la víctima podáis respirar y así detener el proceso de ahogamiento. Siempre que seas un buen nadador y estés en buena forma, puedes ir a ayudar teniendo conciencia del riesgo que corres. Y no te olvides de que tu u otra persona debe alertar inmediatamente al 112 o a los servicios de Socorrismo, para que ambos podáis recibir ayuda para salir del agua.

Hay demasiados «qué pasaría si...» para decir cómo hay que manejar cada posible escenario de ahogamiento, pero no debemos sentirnos completamente indefensos simplemente porque no seamos un profesional del rescate. Por supuesto, existe un importante riesgo en el hecho de intentar un rescate (lo hay para el Socorrista, así que todavía más para el no entrenado), y lo primero debe ser siempre la propia vida, pero permanecer de pie en la playa, en el bote o en el borde de la piscina durante un ahogamiento y esperar que alguien llegue a tiempo no es una estrategia.

Versión española y adaptación por Luis Miguel Pascual del artículo original de Mario Vittone en Soundings

jueves, 5 de octubre de 2017

Foro de Debate: Plan Nacional de Prevención de Ahogamientos y Socorrismo Profesional - Segovia, 25/26 Noviembre 2017

Fechas de celebración: Segovia, 25 y 26 de Noviembre de 2107

Descarga el programa definitivo

Formulario para inscripciones

 

Encuestas previas para los grupos de trabajo

Participa en las encuestas previas aportando tus experiencias, necesidades y opiniones, para que sean recogidas por los grupos de trabajo e incluidas en los debates.

Tu opinión es importante para conocer las necesidades y realidades.

Encuesta de Gestión de Servicios Socorrismo en Playas

Presentación.

El ahogamiento en España es un importante problema de salud pública. Y no es sólo porque cause casi medio centenar de fallecimientos al año, sino porque se sigue produciendo una cifra de fallecidos de tamaña magnitud, a pesar de todos los esfuerzos de los operativos de Socorrismo. Los equipos de Socorrismo de las playas españolas realizan anualmente entre 6.000 y 10.000 intervenciones, asistencias y rescates en situaciones de ahogamiento real o potencial, y eso sin contar un número igual o superior de acciones preventivas que evitan que esas situaciones se produzcan. Todo esto supone que otras tantas víctimas potenciales se salvan de engrosar las cifras de una estadística que, no existe en España de manera oficial.

Lamentablemente, no hay una estrategia de ámbito nacional, ni siquiera autonómico, que implemente acciones eficaces de prevención y de intervención ante el Ahogamiento, salvo que tengamos en cuenta los tibios mensajes de aviso que repiten rutinariamente cada verano los organismos oficiales.Sin duda el ocio acuático ha experimentado un significativo incremento, tanto por la asistencia a playas y zonas de baño naturales, como por la proliferación de instalaciones, piscinas y parques acuáticos. Hoy es ya común que pueblos, urbanizaciones y establecimientos hoteleros dispongan de una instalación acuática de mayor o menor entidad y que haya presencia de servicios de Socorrismo en la mayoría de las playas más turísticas. En un país como España con más de 68 millones de visitantes en 2015, el que un importante porcentaje de los implicados en un Ahogamiento sean extranjeros no nos deja en buen lugar. Y mucho menos si consideramos que estando situada en el primer lugar del mundo en el turismo, y particularmente en el de sol y playa, España debería ser también la número uno mundial en cuanto a la calidad y eficacia de los operativos de Socorrismo y la referencia a seguir en este aspecto para todo el mundo. Por desgracia, nada más alejado de la realidad.

Las empresas que gestionan servicios de Socorrismo nacen como respuesta a una doble necesidad: la tendencia a la privatización de la gestión de determinadas áreas que antes se gestionaban desde las distintas administraciones públicas y la demanda de esos mismos servicios especializados por parte de particulares, colectivos o empresas que integran instalaciones acuáticas como parte de su oferta de negocio. Como una respuesta a estas demandas, muchas empresas nacieron desde propio sector iniciadas por Socorristas interesados en convertir la gestión del Socorrismo en una actividad empresarial más allá de la propia profesión y ofreciendo, además, formación adaptada a las demandas laborales o las carencias que detectaban. Y también se incorporan empresas de otros sectores que encuentran en la gestión de servicios de Socorrismo una oportunidad más de ampliar su espectro de negocio. Sin embargo, ni la regulación administrativa, ni la formación de los Socorristas han ido paralelas a esta evolución, así como tampoco las facetas empresariales, laborales o de gestión.

Los altibajos de la actividad económica, la diversidad, cuando no disparidad, de la normativa, la incertidumbre empresarial y el recorte generalizado de los presupuestos privados y públicos de todas las administraciones, pero especialmente en las locales, que son quienes mayoritariamente exteriorizan determinados servicios, han creado una situación cada vez más caótica en dónde las empresas tienen que luchar cada día por mantenerse a flote y, lo que es peor, a veces con métodos discutibles o poco éticos.

La perspectiva del propio Socorrista Profesional como trabajador tampoco es halagüeña. Sometido a normativas ambiguas, cambiantes o demasiado estrictas; costes y requisitos de formación crecientes; forzado a aceptar una creciente precariedad laboral; empleado en trabajos nada estimulantes en piscinas de urbanizaciones; en situaciones estresantes en playas abarrotadas; enfrentado a la incomprensión o incluso animadversión de los usuarios; realizando rescates con bandera roja y con sueldos menguantes, el interés por formarse o seguir siendo Socorrista está en clara caída libre desde hace 10 años.


Este Foro pretende abrir un debate en torno a todos estos problemas que hoy tiene el sector, iniciando un espacio de intercambio y diálogo entre todas las partes implicadas que permita que desde el Sector se debatan, propongan e inicien las vías de solución, e intervenir activamente en los procesos de regulación que están en marcha o se avecinan. El programa contempla, por tanto, espacios abiertos a tratar los diferentes aspectos, orientados desde la presentación de los temas sobre los que iniciar un debate y hallar conclusiones.

A quién está dirigido

Este Seminario tiene interés para un amplio espectro de profesionales, empresas, administraciones y personas:

– Socorristas y Técnicos en Salvamento Acuático Profesional.
– Empresas de gestión de servicios de socorrismo en instalaciones acuáticas, clubes deportivos, playas y parques acuáticos.
– Organizaciones empresariales y Sindicatos de trabajadores.
– Legisladores, Representantes Políticos, Técnicos y Responsables de Administraciones Públicas en temas de Turismo, Playas, Seguridad Ciudadana, Protección Civil y Sanidad en instalaciones acuáticas y zonas naturales de ocio acuático.
– Docentes, Formadores, Investigadores, Profesionales y Técnicos de Socorrismo Profesional.
– Profesionales Sanitarios y de Emergencia.
– Diseñadores y Fabricantes de Productos de Seguridad y Rescate Acuático.

Horario Provisional
– Sábado 25 de Noviembre: de 9.30 a 14 y de 16 a 20.30 horas
– Domingo 26 de Noviembre de 9.00 a 14.00 horas

Inscripciones
– A través del formulario Web
– Las plazas son limitadas, se respetará el orden de inscripción.

Cuota del Seminario
– Asistencia individual: 25 Euros
– Bono Empresas de Socorrismo Profesional: (2 asistentes) 40 Euros, cada asistente adicional: 15 Euros)
Incluye: Asistencia, documentación y coffee breaks.

Forma de Pago
– Transferencia Bancaria, indicando el nombre del asistente o del grupo: Bankia: IBAN: ES88 2038 7597 5960 0032 2560.

Alojamiento*
Cada asistente debe gestionar su alojamiento y manutención.
Información sobre alojamientos en Segovia: Tel: 921466721
http://www.turismodesegovia.com/es/central-de-reservas

Comidas*
– Habrá menús concertados para los asistentes para comida y cena del sábado y comida del Domingo*.
*Imprescindible confirmar antes del lunes 20 de Noviembre.

miércoles, 3 de agosto de 2016

¿Qué ocurre si me baño en una playa con Bandera Roja?

Javier Reguera, abogado especialista en Derecho Penal colabora con una breve reflexión sobre el delito de omisión del deber de socorro y sobre la conducta de la víctima y del socorrista en un caso de bandera roja.

PlayaBanderaRoja

Imagen: Radio Nacional Perú 

Durante la época de verano muchas personas visitamos lugares costeros con la idea de pasar unos días en la playa. Si bien en la mayoría de las ocasiones nos encontramos con el mar en calma, no es de extrañar que, en algún momento, nos podamos topar con aguas revueltas y con la famosa bandera roja.

Y aun en una playa vigilada con la bandera roja no es infrecuente que alguien entre en el agua, y es éste hecho el que quiero analizar, brevemente, desde la perspectiva de diversas situaciones que pueden suceder y desde la óptica del socorrista.

El bañista que desafía la prohibición del baño con bandera roja

Imaginemos que Pedro, habiendo visto la bandera roja y teniendo consciencia de su significado, entra en el agua y, debido al estado del mar, no puede salir y necesita ser rescatado. Del anterior supuesto parece evidente que Pedro ha cometido un acto imprudente ya que la bandera roja podría ser equiparable a una señal de prohibido y éste, con el conocimiento de lo que representa la bandera, entra y asume la probabilidad de ponerse en peligro.

Nadie será responsable de su autopuesta en peligro, salvo él mismo. Y, además, se expone a recibir una -probablemente muy cuantiosa- sanción económica que cada vez más ordenanzas municipales contemplan para estos casos.

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Imagen: Diario Informacion

¿Y si el Socorrista fallece durante el rescate?.

Pero no sólo eso, sino que pudiera darse el caso de que el socorrista de la playa al advertir este hecho, decidiese ir al rescate y, como consecuencia, fallezca en el rescate y el bañista no.

En principio, no podríamos negar de facto que la conducta del bañista no sólo habría puesto en peligro su propia vida sino que, por su comportamiento, obviando la bandera roja, habría influido en el fallecimiento del rescatador. Ahora bien, ¿sería imputable la muerte del socorrista a la conducta del bañista?.

En mi opinión no es tan fácil delimitar, a efectos jurídico-penales, que la conducta del bañista sea la causa directa del fallecimiento del socorrista y ello porque es el socorrista quien decide ir al rescate, conociendo la existencia de bandera roja y, por su formación, sabe más aun que el bañista, los riesgos del agua enfurecida y aún así ha decidido ponerse en peligro conscientemente, aunque sea por salvar a un tercero.

No obstante, desde el punto de vista civil, la familia del socorrista fallecido sí que podría formular una demanda contra el bañista por su negligente comportamiento, solicitando la correspondiente indemnización.

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Imagen: Diario Información

La decisión del Socorrista ante una situación de peligro para su vida.

Dicho esto, es necesario plantear esta cuestión: ¿cuál debería ser la conducta del socorrista ante un salvamento que pueda poder en grave peligro su vida?

Y ésta debe ser, sin lugar a dudas, poner en marcha a los recursos de salvamento que tengan los medios suficientes para llevar a cabo el rescate sin poner en peligro más vidas. Debe activar su protocolo operativo de trabajo y en caso de que éste no sea suficiente, debería llamar al 112 o similares para que a través del apoyo que sea necesario (embarcación, helicóptero, etc.) procedan a extraer al bañista, reduciendo el peligro sobre la vida del rescatador.

La conducta descrita en el párrafo anterior queda delimitada y viene amparada por los artículos 195.1 y 2 del Código Penal, relativos a la omisión del deber de socorro, donde se propone pena, por un lado, «para aquel que no socorriere a una persona que se halle desamparada y en peligro manifiesto y grave, cuando pudiere hacerlo sin riesgo propio(…)” y, por otro lado, para “el que, impedido de prestar socorro, no demande con urgencia auxilio ajeno”.

Es decir, el Código Penal ofrece las respuestas sobre la conducta del socorrista en un caso de bandera roja. Si esta en peligro su vida o su conducta de rescate puede conllevar un riesgo grave para su vida, no tendrá el deber de actuar y, en el caso de no poder prestar socorro directo, deberá solicitar con urgencia auxilio a otros operativos.

Por ello es necesario que los protocolos de trabajo y actuación de los operativos de cada playa estén redactados de manera clara y establecidos por escrito, y sean conocidos por todos los socorristas del equipo para saber qué operativo es el necesario en cada caso y cuándo iniciar los trámites para su activación, de manera que la toma de decisiones se vea facilitada a la hora de responder ante situaciones como las descritas. De igual manera, debe de existir, por ejemplo, un registro de los cambios de banderas, en el que consten las horas y los motivos del cambio.

En este sentido, hay que mencionar que lo anterior es teoría y ante un proceso judicial por omisión del deber de socorro lo importante no es lo que realmente sucedió, sino lo que se pueda probar y, con ésta premisa, habrá que demostrar -en el caso del socorrista que decidió no rescatar- que estaba la bandera roja; que era peligroso iniciar un rescate por agua con los medios que el socorrista tenía disponibles, y que tomó otras medidas para llevar a cabo el rescate con garantías. El problema y una posible condena surgirán si no se hace nada.

JavierReguera

Javier Reguera Gómez
Abogado especialista en Derecho Penal
www.regueraabogados.com

jueves, 11 de febrero de 2016

Tecnología en Socorrismo: ¿sí o no?, ¿cómo y cuándo?.

Hace ya tiempo que la tecnología quiere irrumpir con fuerza en el mundo del Socorrismo Acuático, un sector en el que los desarrollos tecnológicos no han tenido aparentemente mucho peso específico. Aunque los Socorristas profesionales llevamos muchos años utilizando embarcaciones, material de rescate y apoyo, entre otros, las principales innovaciones de los últimos años se han centrado su mejora, pero los avances basados en desarrollos tecnológicos y la incorporación de sistemas basados en computación o control a distancia, apenas están empezando a incorporarse al sector.

Vamos a recopilar las varias líneas de trabajo que existen y que podemos resumir en las siguientes:

 

Detección temprana de la víctima en riesgo o situación de ahogamiento
Basados en dispositivos de visión artificial o detección por cámaras asistidas por computador, estos sistemas analizan el comportamiento de los nadadores para determinar si pueden estar en riesgo de sufrir un proceso de ahogamiento. Su funcionamiento está basado en parámetros como la velocidad de desplazamiento, la profundidad a la que se encuentra el nadador y su pauta de movimientos, que se comparan con unos valores predeterminados. En caso de detectarse esta situación, una alerta avisa a los Socorristas del dispositivo para una intervención inmediata.

Fuente: http://www.poseidonsaveslives.com/

Fuente: http://www.poseidonsaveslives.com/

Hay al menos dos sistemas que llevan en el mercado varios años y en pleno funcionamiento: el francés Poseidon y el noruego: SwimEye  (que se presentó en primicia en españa en SICOD en 2014) Ambos se utilizan en piscinas y requieren la instalación de sistemas complejos de cámaras, ordenadores y dispositivos de control, información y aviso para los Socorristas.
Funcionan como un apoyo al Socorrista profesional, reduciendo el tiempo para la detección de las posibles víctimas y su rescate por los Socorristas del operativo. Al reducir el tiempo de intervención y por tanto el progreso de la situación de ahogamiento, se mejora el pronóstico de las víctimas.

Fuente: SwimEYE

Sus principales limitaciones son que requieren sistemas complejos y de coste elevado, que sólo son realmente operativos en piscinas y que los algoritmos en los que están basados para determinar las situaciones de alerta, aunque han avanzado exponencialmente, todavía tienen un amplio margen de mejora.

Hace unos meses un proyecto iniciado por estudiantes de la Universidad de Zaragoza se alzó con el prestigioso James Dyson Award. Cuatro estudiantes de diseño industrial y desarrollo de producto crearon «SURI«, un producto tecnológico cuyo objetivo es ayudar a los socorristas en la identificación de posibles víctimas para facilitar su rescate, basándose en cómo los suricatos controlan grandes extensiones de terreno cuando salen a alimentarse.

El sistema se compone de tres instrumentos: una cámara fija vigía que se instala en el puesto del socorrista y abarca toda su zona de control, y una tableta o iPad en la que se instala una aplicación móvil que monitoriza a todos los bañistas y lanza una alerta en el momento que presenten movimientos irregulares o exceso de tiempo bajo el agua. Por último, unas gafas de buceo con una pequeña pantalla incorporada y comunicada por wifi, permiten mantener la visión del ahogado, así como su posición, en todo momento, para evitar que se pueda perder de vista a la víctima cuando el socorrista acude corriendo al rescate. Todavía está en fase de desarrollo.

Dispositivos personales de detección de situación de ahogamiento

Se trata de pequeños dispositivos «wearables» que puede llevar el nadador en la muñeca, cabeza o cuello durante el baño y que se activan cuando el tiempo que pasa sumergido supera unos límites pre-establecidos, activando un sistema de alarma situado junto al Socorrista, o si se utiliza en otros entornos, como por ejemplo niños en piscinas domésticas o comunitarias no vigiladas, alertar a un adulto no entrenado de una posible situación de peligro de ahogamiento.

Fuente: Swimmband

Fuente: Swimmband

Este sistema puede también indicar la posición de la víctima en el agua, lo que facilita al Socorrista su localización dónde haya mala visibilidad en el agua, especialmente en entornos naturales (ríos, lagos, playas).
Hay varios dispositivos más o menos similares:
Iswimband
The Seal, Swim safe

Safety Turtle

Las ventajas de estos sistemas son su ligereza, ya que pueden llevarse en el cuello o la muñeca y que al utilizarse en combinación con teléfonos móviles o pequeños dispositivos son susceptibles de usarse en cualquier lugar, siendo especialmente indicados como una seguridad adicional para la supervisión de los niños en entornos domésticos, aunque no sustituyen en ningún caso la supervisión adulta.

Intervención rápida de apoyo al rescate en el agua

Básicamente son sistemas que logran un desplazamiento muy rápido hasta la situación de la víctima y que pueden proporcionarles apoyo y flotación mientras el Socorrista en servicio llega para completar el rescate. Hasta el momento hay dos tipos de sistemas cuyo objetivo primordial es reducir el tiempo de llegada hasta la víctima.

– Pequeñas embarcaciones teledirigidas:

El más desarrollado hasta el momento es E.M.I.L.Y (Emergency Integrated Lifesaving Lanyard), de la empresa Hydronalix (Arizona, USA), una especie de pequeña moto acuática radio-controlada con propulsión eléctrica capaz de llegar muy rápidamente hasta la víctima y que ésta pueda agarrarse a las cuerdas que la rodean, similar a un flotador salvavidas motorizado. Si la víctima es capaz de sujetarse, el dispositivo puede remolcarla hasta la orilla o mantenerla a flote mientras llega ayuda. El coste de EMILY es de unos 4.000 €.

Recientemente, el Center for Robot-Assisted Search and Rescue (CRASAR) de la Universidad de Texas ha donado dos de estos dispositivos a los voluntarios griegos que están trabajando con los refugiados que llegan a las islas griegas por mar.

– Drones con dispositivos de flotación personal (PFD):

El pasado verano la Fundación Vodafone patrocinó la puesta en marcha de un programa de drones «socorristas», que la empresa Trabajos Condron ubicó en varias playas de España, concretamente en las playas de Cabopino (Marbella), Ribadesella (Asturias), Isla (Cantabria), Cartagena (Murcia) y Benalmádena (Málaga) con pilotos formados por AESA (Agencia Española de Seguridad Aérea).

Otros desarrolladores españoles, como General Drones, han dado un importante salto en la integración de la tecnología con los servicios de Socorrismo.

Fuente: www.efetur.com Cedida por Vodafone

Fuente: www.efetur.com Cedida por Vodafone

El funcionamiento consiste en un dron teledirigido que porta un flotador salvavidas, tubo de rescate o similar, que al llegar a la víctima se deja caer para que ésta pueda agarrarse y mantenerse a flote mientras llega el Socorrista para su rescate. El coste estimado para la temporada de verano es de unos 6.000€ para el dron y el operador. Según las noticias aparecidas en la prensa, tan sólo ha sido necesario que intervinieran una vez para auxiliar a una víctima.

En ambos casos, las ventajas son la rapidez en la llegada hasta la víctima, que recibe un apoyo a la flotación que la permite mantenerse hasta la llegada del Socorrista. Evidentemente, sólo son efectivos si la víctima está en una situación en la que le sea posible agarrarse al dispositivo flotante y para ello es esencial que en primer lugar, se detecte e identifique que se está produciendo la situación de riesgo de ahogamiento, evidentemente, ello requiere que haya un operativo de Socorristas Profesionales.
De acuerdo con la secuencia de acontecimientos que se producen en un ahogamiento , las víctimas sólo son capaces de sujetarse al dispositivo flotante en los primeros momentos. Pasados apenas uno o dos minutos desde el incidente que desencadena la situación de ahogamiento, las victimas entran en una situación en la que ya son incapaces de agarrarse y mantenerse a flote incluso teniendo la ayuda flotante disponible.

– Dispositivos personales para el Socorrista

En el pasado SICOD2014 se presentó el dispositivo ASAP Watercraft, diseñado por Roos Kemp y que consiste en una especie de pequeña tabla de surf con propulsión eléctrica para un Socorrista que permite que el rescatador se aproxime a la víctima con gran rapidez. Las ventajas de este equipo frente a las embarcaciones o motos de agua es su pequeño tamaño y peso que la hacen fácilmente portable por el Socorrista mientras patrulla y su inmediata puesta en funcionamiento. Los prototipos fueron probados con excelentes opiniones por Socorristas australianos el pasado verano.

 

Otros desarrollos y dispositivos personales

Hay otros productos ya en comercialización, o en vías de desarrollo, que abordan líneas de trabajo diferentes que no son totalmente tecnológicas como tan, pero que recojo en la entrada atendiendo a las sugerencias recibidas, como por ejemplo, dispositivos personales que llevan un flotador o similar de inflado rápido y que permiten que una víctima en problemas pueda sostenerse en el agua cuanto tiene un problema y poder volver flotando a la orilla o mantenerse mientras recibe ayuda.

Por ejemplo, SwimIT, se está haciendo popular entre los nadadores de Triatlon por su ligereza y facilidad de uso.

Fuente: http://www.theswimit.com/

Fuente: http://www.theswimit.com/

Existen otros desarrollos diseñados para la seguridad de los niños más pequeños, tanto en la bañera como en las piscinas domésticas, así como alarmas de caída al agua y similares, que creo merece la pena revisar en una entrada aparte.

Tecnología en Socorrismo: ¿sí o no?, ¿cómo y cuándo?.

Algunos de los desarrollos comentados aportan ventajas que pueden ser relevantes a la hora de abordar una situación de ahogamiento: Reducir el tiempo de detección de un incidente o facilitar la llegada de apoyo flotante son factores que sin duda contribuyen a mejorar la respuesta y el pronóstico de la víctima rescatada. Emplear este tipo de sistemas especializados en estas tareas puede ser muy útil dentro de un operativo de Socorrismo.

Y esa, a nuestro juicio, es la clave para determinar la conveniencia o no de su empleo: hacerlo siempre dentro de un operativo de Socorrismo Profesional, puesto que, de otro modo no tiene sentido su utilización.
Los Socorristas y los operativos de Socorrismo profesional realizan un conjunto de tareas muy amplio que van desde la educación, la prevención, eliminación de riesgos hasta la reanimación de un ahogado, pasando por la vigilancia, detección, intervención y rescate, prestación de los primeros auxilios y reanimación, coordinación con los servicios de emergencia, por citar algunas.
Cuando se plantea un operativo, por ejemplo para la temporada de verano de una playa, se tiene que contar con el personal y el equipamiento necesarios para las circunstancias, ocupación y características de la zona en la que se interviene y creo que la práctica totalidad de los Socorristas profesionales deseamos un operativo correctamente diseñado, bien equipado con material «convencional» de rescate e intervención, con el apoyo de embarcaciones o moto acuáticas que se estime necesario conforme a esas características.

Hace unos días un periodista me preguntó cuál era el mejor dispositivo de rescate para una playa. Mi contestación fue que ningún sistema puede, por el momento, cubrir la variedad de tareas que realiza un Socorrista bien preparado dentro de un operativo bien diseñado y equilibrado, en cuanto a su flexibilidad, capacidad de interpretación, respuesta y reacción ante las diversas situaciones.

En mi opinión, todos estos dispositivos son útiles y seguramente se irán incorporando progresivamente en la medida que progresen, aumentando su eficacia y reduciendo su coste. El error es poner los dispositivos, -como por ejemplo los drones-, por delante del propio operativo de playa o defender una estrategia basada en ellos, en detrimento del servicio de Socorrismo, que se ha demostrado válido, eficaz y mucho más rentable en términos de vidas salvadas.
Si analizamos la relación coste/beneficio que aportan los desarrollos tecnológicos veremos que, como se ha anunciado estos días, emplear casi 18.000€ en el operativo de playas de Torrevieja anunciando que «sustituirán a los Socorristas«, supone el coste de la contratación de 3 Socorristas Profesionales para todo el verano.

La utilización de este tipo de dispositivos, por su precio, limitaciones y alta especialización, debe de estar muy al final de la lista de necesidades de un operativo e incluirse únicamente siempre y cuando el resto de puntos cruciales estén debidamente cubiertos. El ajuste que los presupuestos han sufrido en los últimos años y que ha hecho que algunos operativos hayan estado incluso al borde de la precariedad en muchos aspectos tampoco van a facilitar su incorporación, al menos por el momento.

Luis Miguel Pascual
Director Técnico ESS.

jueves, 20 de agosto de 2015

Hablando de seguridad acuática en El Pontón Alto en RTVCYL

Hace unos días nuestro Director Luis Miguel Pascual fue entrevistado por Televisión Segovia en relación con el baño en el embalse de El Pontón Alto, situado entre Segovia y La Granja de San Ildefonso y también sobre consejos para un baño seguro y las acciones de prevención del ahogamiento infantil que la Escuela Segoviana de Socorrismo está llevando a cabo durante este año.

domingo, 9 de agosto de 2015

"Aquí la Tierra" de RTVE recoge datos de Ahogamiento

Hace unos días el programa de RTVE «Aquí la Tierra» contactó con nosotros para conocer de primera mano la realidad del Ahogamiento en España.

El 29 de Julio incluyeron en el inicio del programa una pequeña mención al número de fallecidos y consejos para la prevención. Que este mensaje se incluya en un programa de gran audiencia significa que poco a poco vamos consiguiendo concienciar de la importancia de un problema que nos afecta a todos.

Muchas gracias por ayudarnos a reducir el Ahogamiento.

 

jueves, 11 de junio de 2015

Hablando de Ahogamiento en "Esto me suena" de RNE

2016-06-11 RNE

Nuestro Director Técnico Luis Miguel Pascual fue entrevistado ayer por el Ciudadano García en el programa «Esto me suena» de las tardes de Radio Nacional.

En el tono distendido e incisivo que caracteriza el programa, el Ciudadano García preguntó sobre la figura del Socorrista e incidió en la importancia que tiene en la labor de prevención y la seguridad en el medio acuático, especialmente en las familias con niños y se comentó el reciento informe sobre los Ahogamiento en España en el año 2014 que la Escuela Segoviana de Socorrismo ha presentado hace unos días a través del portal www.ahogamiento.com

Puedes escuchar el podcast en el siguiente enlace.

lunes, 8 de septiembre de 2014

El trágico precio de un despiste

ElMundo

 

Publicado en : El Mundo.Datos

IGNACIO CALLE – Madrid Actualizado: 06/09/2014 11:05 horas

126 personas han muerto ahogadas en España sólo en los meses de julio y agosto

El 80% de los casos de ahogamiento en niños se ha producido en piscinas privadas

 La vigilancia y la precaución, medidas fundamentales para evitar los ahogamientos

Se acaba el verano, y con él la peor temporada para una de las principales causas de muerte en España. Sólo en los meses de julio y agosto al menos 126 personas han perdido la vida ahogadas en playas, piscinas, ríos y pantanos. Muertes, además, vinculadas en muchos casos a un despiste o un mal cálculo que podría haberse prevenido con medidas simples pero eficaces.


Los meses de julio y agosto, en plena temporada vacacional, acumulan normalmente un mayor número de casos de ahogamiento. EL MUNDO ha recopilado todos aquellos producidos en playas, piscinas, ríos, embalses y pantanos reflejados en la prensa nacional en estos dos meses.

De ellos se extrae, por ejemplo, que el 80% de los menores de 14 años que se han ahogado han perdido la vida en piscinas, algo que, según la Asociación Española de Pediatría, en la mayoría de los casos podría haberse evitado. Según un estudio realizado en 21 hospitales de España en los veranos de 2009 y 2010, la mayoría de los ahogamientos de niños «ocurrieron de tarde, en piscinas privadas y desprotegidas» y en ellos se repite un desastroso patrón: los niños no sabían nadar, no llevaban flotador y no estaban vigilados.

«Las piscinas privadas son el sitio más sangrante para los menores», asegura Luis Miguel Pascual, director técnico de la Escuela Segoviana de Socorrismo, que junto con la Asociación Española de Técnicos en Salvamento Acuático y Socorrismo (AETSAS) realiza un estudio epidemiológico sobre los ahogamientos en España. «La gente no se da cuenta de que tú dejas a tus niños jugando en casa al lado de la piscina, entras en casa porque suena el teléfono y cuando vuelves, que ha pasado minuto y medio, tu hijo lleva un minuto debajo del agua. Y si no te das cuenta porque vienes hablando por el móvil y hablas durante otro minuto, ya lleva dos minutos. Y en dos minutos, a lo mejor, ese niño ya no sale o le queda alguna secuela».

A diferencia de los niños, un 63% de los adultos ha perdido la vida en el mar, frente al 18% que ha fallecido ahogado en piscinas. Entre los numerosos factores que influyen en este tipo de accidentes se cuentan la edad y el sexo. «Los hombres tienen un índice de ahogamiento superior al de las mujeres debido, básicamente, a dos razones: personalidad y la creencia de dominio acuático», explica Pascual.

Las personas mayores son las que más se ahogan. Imprudencias, exceso de confianza o faltas de atención suelen estar detrás de la mayoría de los fallecimientos. En los adolescentes, además, «entran muchas otras circunstancias: se junta la edad del adolescente, su rebeldía, el consumo de sustancias, el grupo, la presión de los amigos…», relata el doctor Santiago Mintegi, coordinador del Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones no Intencionadas en la Infancia de la Asociación Española de Pediatría. Por ello, antes del verano, la Policía Nacional, con la colaboración de la olímpica Mireia Belmonte, puso en marcha la campaña ‘Tu seguridad es lo primero, también en el agua’ con el objetivo de que los jóvenes y los padres de los más pequeños extremasen la precaución en playas, piscinas y otras zonas de baño.

Para niños y adolescentes el agua se ha convertido en uno de sus principales enemigos. Sin embargo, el caso de España no es único. Según el último informe elaborado por la Alianza Europea para la Seguridad Infantil realizado en 31 países, los «ahogamientos son la segunda causa de muerte por lesiones no intencionales en niños y adolescentes en la Unión Europea».

 Un cambio de legislación y de cultura

«Desgraciadamente, es esperable que de vez en cuando veamos noticias de niños ahogados en piscinas privadas, desde el momento en el que no existe una legislación que obligue a una serie de medidas preventivas que se han demostrado eficaces en las piscinas públicas», afirma Mintegi. La Asociación Española de Pediatría insiste en que el fallecimiento en piscinas privadas podría disminuir «hasta en un 95% con el simple vallado reglamentario de las mismas existente hoy en día para piscinas comunitarias».

España es uno de los siete países europeos que obliga a establecer un cercado alrededor de las piscinas públicas por ley. Otros, como Bulgaria, Italia, Noruega o Francia han implementado además una legislación que obliga el cercado de las piscinas privadas. La Asociación Nacional de Seguridad Infantil señala que «en Francia la entrada en vigor de la Ley Raffarin en el año 2003, con la obligación de vallado de todas las piscinas públicas y privadas, han visto como los niños fallecidos por ahogamiento en piscinas se han reducido en un 75%».

Pero el cercado no puede sustituir nunca a la supervisión. Para la Asociación es fundamental «la vigilancia de cualquier niño que se encuentre próximo a cualquier entorno acuático, bien sea piscina, bañera, playa, cubos con agua, etc.», y recomiendan también que los menores usen flotador, asistan a clases de natación y aprendan habilidades de supervivencia en el agua y de maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP).

Todas estas medidas van destinadas a prevenir situaciones como las vividas este verano. En los meses de julio y agosto, ocho niños han perdido la vida en piscinas privadas. Si se hubiese podido impedir estas muertes, se habría evitado el 80% de todas las víctimas mortales menores de 14 años por ahogamiento.

En esta misma línea, Mintegi asegura que la situación actual de los ahogamientos en España «requiere una intervención del Estado, no una intervención coercitiva, sino educativa». En su opinión, «de la misma forma que se ha legislado que los niños tienen que ir con dispositivos de seguridad en los vehículos, teniendo en cuenta que los ahogamientos son la segunda causa de mortalidad, algo habría que hacer. Tiene que haber un cambio de cultura, una concienciación de la ciudadanía».

Al igual que Mintegi, el director de la Escuela Segoviana de Socorrismo señala las campañas de la Dirección General de Tráfico como el modelo a seguir: «La campaña de seguridad vial en España es modélica. El Gobierno lleva 30 años machacando con fantásticas campañas de tráfico y, a lo mejor, deberían meter algo de dinero en esto». Para Pascual, «desde los 10 años, incluso antes, las técnicas de reanimación deberían ser materia de escuela. Un niño de cuatro años debería saber llamar al 112 y decir: ‘Mi madre está mal'».

El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad recuerda que las competencias en materia de salud pública están transferidas a las comunidades autónomas: «Una campaña institucional no se puede hacer si las comunidades autónomas tienen las competencias. No es que no se quiera, pero también tenemos un presupuesto determinado en relación con este tipo de campañas».

Sin embargo, recuerda también que «el ministerio pone a disposición de los ciudadanos información, recomendaciones, el decálogo del nadador que está colgado en la web, etc., y no va a dejar de promover y hacer actividades en la medida de sus posibilidades».

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Hablando de Ahogamientos en "Españoles en la Mar" de RNE-Radio Exterior.

Españoles en la mar

El martes 2 de Septiembre, el programa «Españoles en la Mar» de Radio Exterior, entrevistó a nuestro Director Técnico Luis Miguel Pascual,  quien habló sobre la problemática que supone en Ahogamiento en España y el proyecto de recopilación y seguimiento que la Escuela Segoviana de Socorrismo lleva a cabo desde 2011.

En el Podcast partir del 4′ 55″ hasta el 22′ 00″.

 

martes, 2 de septiembre de 2014

Informe preliminar Ahogamiento en España Enero a Agosto 2014

InformeAgosto2014

Descarga: Informe Preliminar Ahogamientos España Enero a Agosto 2014

Como parte de un proyecto de investigación iniciado en 2008, y para concienciar de la importancia que tienen las muertes por ahogamiento, relacionamos los casos de rescates y fallecimientos relacionados con el medio acuático que se han producido en España desde el inicio del año, publicados por los medios de comunicación o los servicios de emergencia.

Este estudio dirigido por Luis Miguel Pascual, Director Técnico de la Escuela Segoviana de Socorrismo, comenzó en 2008, con un muestreo y análisis de los datos que proporcionaban las noticias publicadas en la prensa escrita sobre ahogamiento en España con el objetivo de diseñar un sistema de recogida de datos que permitiera realizar un seguimiento y análisis exhaustivo de los incidentes relacionados con el ahogamiento en España y obtener datos que permitan reflejar la realidad de esta tragedia.

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Relación de incidentes de Ahogamiento .

Reseñamos los casos ordenados cronológicamente con un enlace a una de las noticias publicadas en medios digitales.

Descargar listado de Ahogamientos España 2014, actualizado a 31/08/2014

Esta información está de pública disposición, con el único requisito de citar la procedencia de los datos. 

lunes, 18 de agosto de 2014

Comunicar un Ahogamiento en los Medios de Comunicación

Noticias Prensa

Durante el desarrollo del proyecto de seguimiento de ahogamientos que llevamos a cabo desde 2011, hemos observado que en el tratamiento que los medios de comunicación hacen de los ahogamientos persisten clichés, términos y conceptos desfasados o erróneos, como el “corte de digestión”.

A menudo, la dificultad de obtener datos fiables sobre un incidente de ahogamiento proviene de los diferentes estilos que utilizan los medios de comunicación que, en muchas ocasiones, reproducen noticias de agencia poco detalladas o únicamente los titulares. Lo sabemos por experiencia, solo en el año 2013 revisamos más de 1200 alertas por correo electrónico, cada una con una media de 6 noticias.

Por lo general, no se especifican con claridad las circunstancias de los posibles ahogamientos, no se incluyen datos que serían relevantes para su entendimiento o valoración; se omite la intervención de Socorristas o la realización de maniobras de resucitación y no se hace un seguimiento del pronóstico de los casos de ahogamiento no fatal. El etiquetado de las noticias tampoco es uniforme, muchas veces se omiten las relacionadas con “ahogamiento”, clasificándose como “suceso”, “muerte accidental”, etc.

En este sentido, creemos que nuestra misión es proporcionar a los medios de comunicación y periodistas, (pero también a todos aquellos que, profesionalmente o no, gestionan la comunicación de prensa y en las redes sociales de los servicios de emergencia, que son en definitiva quienes facilitan la información que luego se publican en las noticias), el marco adecuado para que, ante un ahogamiento, puedan evaluar cuáles son los datos relevantes que han de recoger y transmitir a los lectores, con el objetivo principal de concienciar a la población de la importancia que tiene el Ahogamiento y también de cara a que el sistema de alertas o las búsquedas de Google las identifiquen de cara a un adecuado seguimiento.

Por ello y para que las noticias puedan ser útiles, se efectúe un tratamiento uniforme de los datos noticiables y se produzca un impacto positivo sobre el público, realizamos las siguientes recomendaciones a los medios de comunicación:

 – Etiquetar la noticia con la palabra “Ahogamiento”, e incluir en el titular esta palabra o derivada siempre que sea posible.

 – Utilizar correctamente los términos científicamente aceptados que describen los ahogamientos: (ver anexo) evitando términos como “ahogamiento incompleto”, “corte de digestión”, etc.

– Proporcionar los datos básicos de la víctima: Sexo, edad, procedencia y nacionalidad.

 – Describir la secuencia de acontecimientos del incidente, incluyendo dentro de lo posible los siguientes datos:

– Quiénes realizaron el avistamiento de la víctima, ejecutaron el rescate y realizaron la RCP (transeúntes, otros bañistas, personas con conocimientos de RCP/SVB (Reanimación cardio-pulmonar o Soporte Vital Básico), Socorristas, Personal sanitario o de emergencias, etc)

– Circunstancias del medio acuático en el momento del incidente (bandera verde, amarilla, roja en playas. Corrientes, u otras) relevantes en el incidente.

– Si la víctima fue rescatada con conocimiento o ya inconsciente.

– Si la víctima muestra signos de haber aspirado y/o tragado agua (como son: tos y presencia de espuma en la boca y nariz, y que indican un proceso de ahogamiento. En los casos en que el ahogamiento por inmersión se desarrolla completamente, puede aparecer también distensión gástrica por la ingesta de agua y como consecuencia, vómitos)

 – Destacar las circunstancias, especialmente si hubo alguna que pudo influir o  agravar las consecuencias (imprudencia, falta de supervisión, consumo de alcohol o drogas, incumplimiento de normas de seguridad, etc.) e Incluir mensajes con consejos y medidas de seguridad relevantes en relación al caso.

 – Seguimiento del pronóstico de la víctima, incluyendo aquellas que pasan a tratamiento hospitalario y pueden fallecer o ser dadas de alta con posterioridad.

Anexo I: El proceso de Ahogamiento

 Definición

El ahogamiento se define como: «el proceso por el que se experimenta un impedimento para respirar por la sumersión en un líquido», que comienza cuando las vías aéreas (boca y nariz) de una persona quedan bajo el agua (sumersión) o el agua pasa por encima de la cara (inmersión).

 Definición

El proceso de ahogamiento pasa por varias fases:

– Incidente: momento en el que se produce el suceso que afecta a la capacidad del nadador para mantener: respiración, flotación o desplazamiento en el agua. Los factores que precipitan un ahogamiento pueden ser muy diversos, incluyendo causas externas, como ser arrastrado por una corriente, caer al agua inesperadamente, poca competencia acuática o sufrir un accidente de circulación, y también causas médicas o patologías preexistentes (IAM; ACVA). Las respuestas motoras se modifican y se cambia de una natación “normal” a una respuesta motora que busca mantener la cabeza fuera del agua, con posición corporal vertical y movimientos de brazos de arriba hacia abajo para sustentarse en el agua. En esta fase las víctimas con capaces de gritar o pedir socorro.

– Puede ocurrir que la persona pierda la consciencia o sufra una parada cardio-respiratoria súbita (por traumatismo; síndrome de hidrocución; IAM o ACVA), en cuyo caso, en función de su peso específico, caerá hacia el fondo o flotará inconsciente en el agua, muriendo si no es rescatada por la falta de oxígeno.

– Pérdida de control: El nadador entra en una situación en la que no puede recupere la seguridad sin ayuda externa y comienza a tener dificultades para mantenerse a flote y conservar boca y nariz por encima del agua para respirar con normalidad, por lo que se mantiene en apnea o respirando a intervalos. Se produce una intensa activación psíquica y fisiológica (respuesta de estrés al peligro), normalmente las víctimas no pueden gritar o pedir socorro, no gesticulan o sacan los brazos por encima del agua y para una persona no entrenada no parecen estar en peligro. Deben alertarnos ciertos detalles como la cara semisumergida con la boca y nariz bajo el agua, los ojos abiertos o el pelo en la cara o la falta de respuesta si se les pregunta si están bien.

– Distrés: El nadador intenta recuperar la seguridad luchando en el agua para salir a flote. En esta fase las víctimas ya no son capaces de respirar porque las vías aéreas quedan sumergidas o al intentarlo se pueden producir pequeñas aspiraciones (y degluciones o “tragones”) de agua. La intensa activación psicológica y fisiológica y la falta de oxígeno hacen que la víctima se agote rápidamente.

– Ahogamiento: Debido a la falta de oxígeno, el sistema nervioso fuerza a la víctima a respirar, con el resultado de que se aspira agua y, como reflejo defensivo, se produce también deglución de líquido, con el resultado de encharcamiento pulmonar y distensión gástrica. La víctima pierde el conocimiento y, en función de su peso específico, caerá hacia el fondo o flotará inconsciente en el agua.

– Fase Terminal: Si la víctima inconsciente no es rescatada, el cerebro se deteriora por la falta de oxígeno y se produce daño cerebral hipóxico y la muerte.

 En función de las circunstancias, este proceso de ahogamiento puede durar entre 30 segundos y varios minutos. Una vez se alcanza la fase de Ahogamiento, si la víctima no es rescatada y se le proporciona Soporte Vital Básico por personas entrenadas en un plazo de 1 a 3 minutos o Soporte Vital Avanzado por personal médico de emergencias en un máximo de 8 minutos las posibilidades de recuperación son prácticamente nulas.

 Por otra parte, si una persona ha aspirado líquido y ha sido rescatada en estado consciente, puede sufrir un síndrome de insuficiencia respiratoria aguda (SDRA) en los minutos u horas siguientes, causada por la propia aspiración, irritación por los elementos químicos o una infección por las bacterias contenidas en el líquido. Por ello, toda persona con síntomas de haber aspirado líquido en un ahogamiento ha de ser valorada por un médico y mantenerse en observación médica o familiar en las 24/48 horas siguientes al incidente.

 Anexo II: Terminología:

 

Ahogamiento No Fatal

– Si la persona es rescatada y el proceso de ahogamiento se detiene, recuperando respiración y pulso cardíaco.

 Ahogamiento Fatal

– Si la persona fallece como consecuencia del ahogamiento, éste se denomina «ahogamiento fatal», incluyendo las personas que fallecen posteriormente debido a sus consecuencias directas.

 – Las causas más comunes de fallecimiento en las víctimas hospitalizadas por ahogamiento son:

– Muerte cerebral atribuible a la hipoxia severa o lesión cerebral isquémica.

– Síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA)

– Fallo multiorgánico secundario a hipoxia severa o lesión isquémica

Síndrome de sepsis atribuible a la neumonía por aspiración o infecciones nosocomiales (contraídas dentro del hospital)

 Rescate Acuático

– Todo incidente sin evidencia de una dificultad respiratoria se considera un «Rescate Acuático»

 Otras denominaciones no aceptadas

– Se abandonan definitivamente las descripciones como «ahogamiento seco o húmedo»; «ahogamiento secundario»; «ahogamiento pasivo y activo; “Ahogamiento incompleto”, etc.

 – Para la uniformidad de los informes sobre ahogamientos se debe utilizar las directrices de Utstein: Recommended Guidelines for Uniform Reporting of Data From Drowning.

martes, 12 de agosto de 2014

Informe preliminar Ahogamientos en España hasta Julio.

ESS-Ahogamientos

Descarga: Informe Preliminar Ahogamientos España Enero a Julio 2014

Como parte de un proyecto de investigación iniciado en 2008, y para concienciar de la importancia que tienen las muertes por ahogamiento, relacionamos los casos de rescates y fallecimientos relacionados con el medio acuático que se han producido en España desde el inicio del año, publicados por los medios de comunicación o los servicios de emergencia.

Este estudio dirigido por Luis Miguel Pascual, Director Técnico de la Escuela Segoviana de Socorrismo, comenzó en 2008, con un muestreo y análisis de los datos que proporcionaban las noticias publicadas en la prensa escrita sobre ahogamiento en España con el objetivo de diseñar un sistema de recogida de datos que permitiera realizar un seguimiento y análisis exhaustivo de los incidentes relacionados con el ahogamiento en España y obtener datos que permitan reflejar la realidad de esta tragedia.

Desde Enero de 2011 y a través de las búsquedas de Google con alertas de contenido por palabras clave se recogen todas las noticias publicadas en los medios de comunicación digitales sobre incidentes relacionados con ahogamiento en España. La previsión es completar un ciclo de al menos 4 años completos que posibilite reunir una muestra lo suficientemente representativa para abordar un análisis epidemiológico y obtener conclusiones aplicables a programas de prevención de ahogamiento que nos permitan mejorar las estrategias de prevención y su efectividad e incidencia en las cifras de fallecidos, especialmente entre la población infantil.

Además de Luis Miguel Pascual, participan: Miguel González, Profesor y Coordinador de Formación de la ESS; Cristina San Juan, Socorrista, DUE y Profesor de Primeros Auxilios de la ESS en la recopilación y revisión de los datos y Darío Pascual, Socorrista de la ESS y Licenciado en Economía en el tratamiento y análisis estadístico, así como el resto del Equipo Técnico de la ESS.

Queremos especialmente destacar la inestimable colaboración que desde el inicio del proyecto en el diseño de la metodología de recogida y análisis de los datos han venido prestando Stathis Avramidis, colaborador del Centro Helénico para la Prevención y el Control de Enfermedades de Kuvaras-Attikis, (Grecia), y el Dr. Joost Bierens, médico anestesiólogo, consultor jefe de la Maatschappij tot Redding van Drenkelingen y asesor médico de la Royal Netherlands Sea Rescue Institute.

También contamos con la colaboración de organizaciones y Socorristas que nos comunican incidentes y detalles de las intervenciones relevantes para el estudio, como AETSAS, Emergencies Setmil, Blog Vigias, y numerosos compañeros y amigos.

Si quieres colaborar o tienes conocimiento de algún incidente que no esté recogido, te agradeceremos que nos lo comuniques mediante un correo electrónico con el enlace a la noticia o reseña. También puedes publicarlo en Twitter con el HT #Ahogamiento y mencionando a @SosSegovia.

Estos datos están a pública disposición, con el único requisito de citar la fuente y a la Escuela Segoviana de Socorrismo.

Muchas gracias por tu colaboración, entre todos conseguiremos aumentar la concienciación frente a la amenaza que supone el ahogamiento en nuestro país.

 

Relación de incidentes de Ahogamiento recopilados.

Reseñamos los casos ordenados cronológicamente con un enlace a una de las noticias publicadas en medios digitales.

Abrir listado de Ahogamientos España 2014

domingo, 5 de enero de 2014

Perder la vida intentando un rescate por amor. Would-be rescuers losing their lives

Imagen de http://www.mlive.com/news/grand-rapids/index.ssf/2009/08/swimmers_warned_to_stay_out_of.html

Fuente: http://www.stuff.co.nz/national/9574440/Would-be-rescuers-losing-their-lives
Traducción de Luis Miguel Pascual.

CALEB STARRENBURG, SEAN WILLIS/Fairfax NZ

Era el final de la tarde del 4 de Enero de 2009 cuando Sonny Fai, defensa de los New Zealand Warriors, se ahogó en la playa de Bethells mientras intentaba salvar a su hermano de 13 años. Su hermano consiguió llegar a la orilla, pero el cuerpo de Fai nunca se encontró. Tres años después, Peter Apappa, de 54 años, se ahogó mientras rescataba a su hijo y su sobrino, que se encontraban en peligro mientras recogían moluscos en la playa Te Puna de Tauranga. Los dos niños, ayudados por Apappa, llegaron ilesos a la playa.

El pasado 4 de Noviembre, durante la celebración de una boda en la playa de Iwitea y ante toda la familia, Sage Smith de 22 años y su sobrino Kustom Blandford de 7, murieron ahogados en un intento desesperado de salvar la vida de Ocean, la hermana de Kustom, quien sí sobrevivió.

En Nueva Zelanda, se están perdiendo vidas con una trágica frecuencia, al intentar rescatar a un ahogado, con frecuencia un familiar o un allegado. Entre 1980 y 2012, un total de 81 personas se ahogaron al intentar un rescate. El fenómeno está tan extendido que se conoce como Sindrome AVIR, (por las iniciales del inglés: «Aquatic Victim Instead of Rescuer»; Víctima Acuática en Lugar del Rescatador).

Sólo en 2012, seis neozelandeses perdieron la vida en un intento de rescate, incluyendo a Zebedee Pua, de 15 años, que perdió la vida al ayudar a una niña en la playa de O’Neills de la costa oeste de Auckland y Peter Lewis, de 59 años, que trataba de salvar a su perro en el lago de Auckland.

La situación es similar en Australia, dónde entre 1992 y 2010, se ahogaron 103 personas en circunstancias similares. En tres de cada cuatro casos, la persona que intentaban rescatar se salvó.

Que se puede hacer para prevenir que estos rescatadores casuales pierdan sus vidas es un gran dilema para los expertos. El reto es doble: además que desde niños se los guía para actuar de manera altruista en situaciones de vida o muerte, tenemos una tendencia a sobrestimar nuestras habilidades en el agua, mientras minusvaloramos el riesgo que representa un rescate. Igualmente desconcertante de entender es por qué la víctima a menudo sobrevive, y el rescatador fallece.

John Pearn, pediatra en el Royal Children’s Hospital de Brisbane, y Richard Franklin miembro investigador de la Royal Lifesaving Society en Australia, fueron los primeros en estudiar el síndrome AVIR y el autor de «El impulso de rescatar». Explican que nuestros impulsos altruistas se aprenden primariamente cuando niños y se refuerzan en la vida adulta.

«Todas las sociedades alaban el altruismo y el coraje. En la Commonwealth, las naciones otorga su mayor distinción, la «Cruz Victoria» y la «Cruz George» a aquellos que intentan salvar la vida de otros encarando un riesgo de muerte».

Este «Impulso de rescatar«, afirma, es particularmente fuerte cuando afecta a la familia. «En estos casos, la sangre es más fuerte que el agua», explica la psicólogo Sara Chatwin, «cuando las emociones y los lazos familiares se unen con la necesidad de actuar, el impulso se hace mayor y más urgente.

Pearn y Franklin creen que debemos aceptar que es virtualmente imposible contener este reflejo de rescate. En su lugar, afirman, debemos enfocar nuestra energía en proporcionar a las personas las habilidades necesarias que se necesitan para hacer un rescate con seguridad.

«Es importante darse cuenta de que ningún Socorrista entrenado hará un rescate sin su material de rescate flotante», dice Teresa Stanley, de WaterSafe Auckland. Una persona que se ahoga intentará agarrarse instintivamente para poder salir y respirar y si lo hace con el rescatador puede sumergirlo y ponerle en peligro.

Stanley cree firmemente que en las clases de natación, todos los niños y padres deben aprender habilidades básicas de seguridad en el medio acuático, incluyendo la capacidad de rescatar a otros sin poner sus vidas en peligro.

Es necesario promover rescates sin contacto con la víctima, ayudándose de elementos flotantes, afirma, lo que incluye intentar alcanzar a una persona desde un lugar seguro utilizando una rama o lanzando una cuerda o salvavidas o una ayuda flotante improvisada y, sólo como último recurso, intentar un rescate con una tabla de surf o una canoa. Esta técnica se conoce como: Alcanzar-Arrojar-Remar.

El Dr. Kevin Moran, Profesor de la Universidad de Auckland, lleva más de una década estudiando las conductas y actitudes de los neozelandeses en relación con el agua. Como co-autor de: «Disposición para Rescatar: La percepción de los testigos presenciales de su capacidad para responder en una emergencia por ahogamiento«, explica que las habilidades de natación y rescate se han venido incluyendo tradicionalmente como componentes del currículo formativo de la educación física en la escuela. Por el contrario, afirma, se ha hecho muy poco esfuerzo en evaluar si estos contenidos nos proporcionan la formación adecuada para intentar un rescate acuático.

Una encuesta de ámbito nacional entre los jóvenes de Nueva Zelanda, publicada en 2008, encontró que uno de cada tres consideraban que no tenían habilidades para intentar un rescate y más de la mitad expresaron dudas sobre su capacidad para hacer un rescate en el mar.

El pasado año, Moran encuestó a los participantes en el Festival Pasifika sobre cómo reaccionarían si vieran una persona en peligro en el agua. Los resultados, detallados en el artículo citado, son preocupantes. Sólo el 30% de los encuestados contestaron que intentarían alcanzar un objeto flotante a la víctima y casi la mitad afirmaron que entrarían en el agua para intentar un rescate, incluyendo más de la tercera parte de aquellos que respondieron que no eran capaces de nadar 100 metros.

«Esto sugiere que cuanto menos capaz sea una persona de realizar un rescate, estará en mayor riesgo de ahogarse por no saber reconocer sus limitaciones».

Es alarmante, dice Moran, que la opción menos elegida por los encuestados, usar un recurso flotante, se considera que es la mejor actuación en la mayoría de los rescates en aguas abiertas.

Mientras el equipamiento público de rescate no está tan presente en Nueva Zelanda como en otros países, WaterSafe Auckland trabaja para instalar salvavidas en las áreas de mayor riesgo, explica Stanley. «En los últimos cinco años hemos llevado a cabo el proyecto «Angel Rings«, instalando salvavidas para incrementar la seguridad entre los pescadores que utilizan las zonas rocosas. Ya se han usado con éxito para salvar a pescadores que han caído de las rocas y también hemos instalado algunos en las zonas costeras de Auckland».

Pero si proteger a los rescatadores del ahogamiento requiere entender realmente el comportamiento humano, además de mejor educación, incluyendo la difusión de las técnicas de rescate sin contacto con la víctima, ello no responde a la pregunta de por qué la primera víctima, es decir, la persona que necesita ayuda y precipita el rescate, a menudo sobrevive mientras que su rescatador no.

La teoría más comúnmente aceptada es que los rescatadores se agotan mientras intentan alcanzar y soportar a la víctima que se debate en el agua y que posiblemente sumerge al rescatador en un intento instintivo de mantenerse a flote.

Nuevas investigaciones sobre las corrientes de resaca, responsables de la mayoría de los incidentes en nuestras costas pueden también ofrecer algunas claves. Si fotografiamos una corriente de resaca, lo más probable es que veamos una larga lengua de agua, moviéndose hacia dentro del mar. Sin embargo, esta visión convencional se ha sacudido en los últimos años gracias a las investigaciones Jamie MacMahan, profesor de oceanografía de la Escuela de Postgrado Naval de California.

MacMahan colocó GPS flotantes en las corrientes y trazó sus trayectorias, descubriendo que se asemejan más a remolinos que circulan a través de las olas. Su investigación concluyó que si una persona atrapada en una corriente de resaca es capaz de mantenerse a flote en el agua, «hay un 90% de posibilidades de que sea devuelta a la orilla en aproximadamente tres minutos». Su experimentos con GPS para trazar las corrientes se han repetido en Nueva Zelanda con resultados similares. Esto podría explicar por qué los rescatadores que se agotan mientras sujetan a una víctima agitada se ahogan, mientras que la víctima es devuelta a aguas someras con vida.

Por supuesto, no todos los rescates realizados por los testigos fortuitos acaban en tragedia. El 3 de Febrero de 2014, Brendon Pooley, de Pukeoke estaba en la playa de Kariotahi con su mujer y sus cuatro hijos, fue abordado por una adolescente aterrorizada porque dos de sus amigos estaban atrapados en una corriente de resaca. Su primera respuesta fue enviar a por ayuda, su mujer condujo hasta un lugar en dónde tener cobertura con el teléfono y contactó con el servicio de emergencias. Mientras tanto, Pooley entró en el agua con la tabla de bodyboard de uno de sus hijos y tras 20 minutos de búsqueda logró alcanzarlos. Uno consiguió llegar a la orilla por sí mismo mientras Pooley ayudó con su tabla al segundo, ya exhausto.

A la larga, asegurar que más rescatadores eventuales como Pooley sobreviven, significará que estamos enriqueciendo a los neozelandeses con el conocimiento y la capacidad de tomar decisiones correctas en situaciones críticas en el agua, afirma Stanley.

Caleb Starrenburg es un escritor freelance y pertenece de la patrulla de Socorrismo en la playa de Bethells de Ackland. @cstarrenburg

© Fairfax NZ News

http://www.stuff.co.nz/national/9574440/Would-be-rescuers-losing-their-lives

Luis Miguel Pascual y el Dr. John Pearn en el Memorial por los irlandeses fallecidos en la I Guerra Mundial. durante el Congreso de «The Lifesaving Foundation», en 2012

Would-be rescuers losing their live

CALEB STARRENBURG, SEAN WILLIS/Fairfax NZ

In the late afternoon of January 4, 2009, New Zealand Warriors back-rower Sonny Fai drowned at Bethells Beach while saving his 13-year-old brother. Fai’s body was never found; his brother made it to shore safely. Three years later, 54-year-old Peter Apaapa drowned while rescuing his son and nephew, who got into trouble collecting pipi at Te Puna beach in Tauranga. The children, assisted by Apappa, made their way back to shallow water unharmed. On November 4 last year, as family members gathered in Hawke’s Bay to celebrate a wedding, Sage Smith, 22, and his nephew, 7-year-old Kustom Blandford, drowned during a desperate attempt to save Kustom’s sister, Ocean, from the surf at Iwitea beach. Ocean survived.

Rescuers are losing their lives while saving a drowning person – often a relative – with tragic frequency in New Zealand. Between 1980 and 2012, 81 people drowned while attempting a rescue. The phenomenon is so widespread it is referred to as aquatic victim-instead-of-rescuer, or AVIR, syndrome.

In 2012 alone, six New Zealanders drowned while performing a rescue – they include 15-year-old Zebedee Pua, who lost his life as he helped a young girl to shore at O’Neills Beach on Auckland’s west coast, and 59-year-old Peter Lewis who drowned while trying to save his dog from an Auckland lake.

The situation is similar in Australia, where between 1992 and 2010, 103 people drowned while attempting to save a life. In three-quarters of these cases, the person they had been attempting to rescue survived.

What can be done to prevent rescuers sacrificing their lives has proven a dilemma for water safety experts. The challenges are twofold – not only are we wired from a young age to act altruistically in these sorts of life-and-death situations, but we have a tendency to overestimate our ability in the water, while underestimating the danger it poses. Equally perplexingly to understand is why the person being rescued so often survives when their rescuer does not.

John Pearn, senior paediatrician at Royal Children’s Hospital in Brisbane, and Richard Franklin, senior research fellow at the Royal Lifesaving Society in Australia, pioneered study into AVIR syndrome and are authors of «The Impulse to Rescue». They explain our altruistic impulses are learned primarily in childhood and further reinforced in adult life. «Every society lauds altruism and courage. In the British Commonwealth, nations bestow their highest accolades, the Victoria Cross and the George Cross, upon those who attempt to save the lives of others in the face of mortal risk.»

This «rescue impulse» is particularly strong, they say, when it comes to family. «It is a case of ‘blood being thicker than water’,» explains psychologist Sara Chatwin, who says when emotional and family connections are coupled with the need to act, the driving force becomes greater and more urgent. Pearn and Franklin believe we must accept it is virtually impossible to counter the reflex to rescue. Instead, they say, we should focus our energy on giving people the skills they need to perform a rescue safely.

«It’s important to recognise no trained lifeguard would ever perform a rescue without a flotation device,» says Teresa Stanley of WaterSafe Auckland. This is because a drowning person will instinctively clutch at and even push underwater their would-be saviour. Alongside swimming lessons, all children and parents should be learning basic water safety skills, including the ability to rescue others without putting themselves in danger, Stanley believes.

We need to be promoting non-contact rescues using buoyancy aids, she says. This can include trying to reach a person from a safe place on land using a tree branch, throwing a rope, life preserver or improvised buoyancy aid, and as a last resort attempting a rescue on a surfboard or paddle craft. This is often referred to as the Reach, Throw, Row approach.

Dr Kevin Moran, a principal lecturer at the University of Auckland, has spent more than a decade researching New Zealanders’ behaviour and attitudes around water. The co-author of «Readiness to Rescue: Bystander Perceptions of Their Capacity to Respond in a Drowning Emergency«, he explains rescue skills have traditionally been taught within the swimming and lifesaving component of schools’ physical education syllabus. However, he says little effort has been put into assessing whether this syllabus has properly equipped the public to engage in safe rescues. A nationwide water safety survey of New Zealand youth, published in 2008, found one third considered they had no rescue ability, and more than half expressed doubts about their ability to perform a surf rescue.

Moran recently surveyed people gathered at the annual Pasifika Festival, asking how they would react if they saw someone struggling in the water. The findings – detailed in Readiness to Rescue – are concerning. Only 30 per cent of those surveyed said they would try to get a flotation device to a victim, and almost half indicated they would jump in and attempt a rescue. This included more than one third who reported they could not swim 100 metres.

«This suggests the least-capable would-be rescuers may be at greater risk of drowning by failing to recognise their limitations». Alarmingly, says Moran, the least frequently indicated response, using a flotation device, would be the best course of action in most open water situations.

While public rescue equipment is not as prevalent in New Zealand as in some other countries, WaterSafe Auckland has been working to install rescue buoyancy aids in high-risk areas, Stanley says. «For the last five years we have installed Angel Rings on Auckland’s West Coast to promote safety for rock fishers,» Stanley says. «These have already been used successfully to save fishers washed off the rocks. There are now some around the Auckland waterfront as well.»

But if preventing rescuers from drowning requires a realistic understanding of human behaviour, alongside better education, including the promotion of non-contact rescues skills, it doesn’t answer the question of why the primary victim – the person who needed saving – so often survives when their rescuer does not. The most commonly held theory is that people are exhausting themselves while attempting to reach and support struggling swimmers, who then push their rescuer underwater in an involuntary effort to stay afloat.

New research into rip currents, responsible for the majority of drowning incidents on our beaches, may also provide clues. Picture a rip current, and chances are you’ll envisage a long plume of water, rolling out to sea.

However, this conventional view of a rip has been shaken up in recent years by the work of oceanography professor Jamie MacMahan, from the Naval Postgraduate School in California.

By placing floating GPS units in rips and tracking their progress on a laptop, MacMahan discovered the currents more closely resemble whirlpools that circulate through the surf. His research concluded if you tread water «there’s a 90 per cent chance of being returned to shore within about three minutes». His experiments with GPS trackers have since been repeated in New Zealand, with similar results. This may explain why rescuers who tire themselves supporting a struggling swimmer drown before the initial victim is circulated safely back to shallow water.

Of course, not all bystander rescues result in tragedy. On February 3 last year, Pukekohe father-of-four Brendon Pooley saved two men from the surf at Kariotahi beach. Pooley was preparing to leave the beach with his wife and children at around 7.30pm when he was approached by a panicked teenager. Two of the teen’s friends had been swept out to sea in a rip.

Pooley’s first response was to send for help. His wife drove to the top of a hill to find reception on her phone and contacted emergency services. Pooley meanwhile entered the water with one of his children’s bodyboards. After 20 minutes searching in the dark he was able to reach the missing men. One was able to make his own way back to shore, while Pooley assisted the second exhausted man using his bodyboard as flotation.

Ultimately, ensuring more rescuers such as Pooley survive means arming New Zealanders with the knowledge and critical thinking skills required to make correct decisions around water, Stanley says.

Caleb Starrenburg is a freelance writer and member of Bethells Beach Surf Life Saving Patrol in Auckland

© Fairfax NZ News

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